Espacio donde compartir mis opiniones en relación a la profesión.

martes, 27 de febrero de 2018

Logo del proyecto impulsado por la OMS y el CIE para que enfermería cumpla los desafíos de salud del siglo XXI
Logo del proyecto impulsado por la OMS y el Consejo Internacional de Enfermería  para que enfermería cumpla los desafíos de salud del siglo XXI

Las enfermeras somos la mayor proporción de la fuerza del trabajo en el sector salud, se estima a nivel global que existen 23 millones de mujeres y hombres trabajando para cuidar la salud de las personas.
Sin embargo, no estamos en agenda. No formamos parte de las políticas y muy discretamente participamos de algunos proyectos en salud.
¿Qué nos pasa? ¿Por qué no estamos en agenda informativa, social o política?

Si miro alrededor, como colectivo de a pie observo que sufrimos una situación de degradación de las condiciones laborales: poca estabilidad laboral, contratos precarios, bajada salarial, sobrecarga de trabajo y no reconocimiento de nuestra aportación a las instituciones desde los puestos de gestión. Incluso en estos días con motivo de la convocatoria de huelga del día 8 de marzo, se habla de múltiples profesionales en las que las mujeres son mayoría, entre las que no se suele nombrar a la enfermería.

Si analizo los líderes formales de la profesión, es claro el techo de cristal. Basta con ponerte delante de las imágenes que publican nuestros representantes: sextogenarios, muy mayoritariamente hombres, con poco o ningún contacto con las realidades asitenciales y con ganas de seguir estando (a juzgar por las formas en que se planteán las propuestas de sucesión).

Representación Española en el Congreso del Consejo Internacional de Enfermería de 2017: Barcelona

Nuestra presencia en proyectos a nivel global, y pongo como ejemplo el nuevo consejo asesor de Dolors Monserrat, perpetúa la imagen de pocas enfermeras, de ellas mayoría hombres  y repitiendo viejos esquemas (se convoca al presidente actual y el presidente saliente del consejo de enfermeras). Esta propuesta se aleja mucho de la enfermería moderna, con iniciativa y bien formada que está ahora mismo asumiendo gran parte de los retos de este sistema tan necesitado de un cambio estructural.
Centrándome en proyectos e inquietudes más locales, no será la primera vez que quieres impulsar otra mirada en el cuidado profesional y tropiezas con el equipo multidisciplinar: ¿Por qué necesita usted su propio plan estratégico o se jefatura de servicio si forma parte de un equipo? Sencillo, porque quiero liderar los vientos de mi destino. Y sí, quiero apoyo, un apoyo que considere la realidad social y cultural a la que me enfrento, que no base sus decisiones en actitudes corporativas o puramente económicas, y que tenga como centro las necesidades de la población a la que quiero, y tengo la responsabilidad de cuidar.
¿Que tenemos un problema de autoestima? Pues no estamos para saltar de alegría con este panorama.
Eso sí, siempre hay esperanza y si no, hay sueños. Soñar con un foro de debate institucional donde analizar nuestra aportación a la sociedad, nuestras necesidades y hacia dónde se debe orientar nuestro futuro. Quizás, no es tanto un sueño sino una realidad que ya han explorado países de nuestro entorno, Reino Unido por ejemplo ha creado un grupo de trabajo interpartidista en el parlamento que ha concluído: para una sociedad mejor: mas enfermeras. Invertir en enfermeras mejora la salud, consigue una mayor igualdad de género y una economía más fuerte.
Pasemos pues del sueño a la acción y unámonos al movimiento #NursingNow lanzado el 27 de febrero por la OMS y el CIE (Consejo Internacional de Enfermeras).

Imagen de un equipo de enfermería publicada por el CIE en relación al proyecto NursingNow

Si además quieres profundizar sobre la temática, te animo a segir el blog PSXXI, y más concretamente esta entrada: http://juherya.blogspot.com.es/. También en el CIE en el enlace: http://www.icn.ch/es/que-hacemos/Nusing-Now/

miércoles, 31 de enero de 2018



Hace algún tiempo una compañera solicitó que reflexionara sobre ¿Qué aportan las enfermeras a las políticas de vacunación?

Este tipo de pregunta, tan amplia como apasionante invita a la reflexión, a la búsqueda, a la observación y a la introspección, por ello meses más tarde me animo a compartir algunas de las ideas claves sobre este amplio campo de trabajo para las enfermeras.

Al pensar en “proceso” de vacunación, la primera idea acude a la búsqueda de luz en las herramientas metodológicas que nos ayudan a dejar registro de nuestras acciones y por lo pragmático de la vacunación parece coherente comenzar por reflexionar sobre la intervención enfermera: manejo de la inmunización/vacunación, definida como “control del estado de inmunización (3), facilitando el acceso (2) a las inmunizaciones y suministro de vacunas (1)  para evitar enfermedades contagiosas.
Cualquier enfermera que trabaja día a día en un punto de vacunación, sabe que estos 3 puntos son básicos para afrontar con calidad esta oferta de servicio:
  • En primer lugar (1), necesito que el suministro de medicamentos sea fluido, que las vacunas se mantengan en nevera en condiciones ideales para su administración y que el stock me permita trabajar con comodidad. Aquí hay una enfermera que diariamente vela por todo ello.
  • En segundo lugar (2), debo saber cómo captar y facilitar el acceso a la población susceptible de beneficiarse de esta oferta. Tengo que analizar las posibles alternativas para llegar a los especialmente vulnerables, esa familia que tanto me ha costado captar. Igualmente, busco el momento para poder invertir en captación activa, en llamar a las personas que según los registros están pendientes de dosis. Aquí probablemente encuentres a varias enfermeras, que atienden a diferentes perfiles de usuarios, buscando siempre la forma de que “no se escape ninguno”, es un trabajo arduo, poco visible, que invierte mucho tiempo “fuera de agenda” quizás para captar a una ó dos familias más, y esas, justo esas son las importantes. No exagero, pregunten a las enfermeras, verán sus respuestas. 
  • En tercer lugar (3), y cuando ya realmente tengo al usuario delante, necesito un armazón de conocimientos y habilidades regado con una importante dosis de actitud para afrontar el proceso de vacunación. Hay que saber de vacunas (y mucho), también de epidemiología, de comunicación, de educación para la salud, de entrevistas y del usuario 3.0. Qué decir de los calendarios, los protocolos y las fichas técnicas todo ello imprescindible para estar al día.
Y un sin fin de acciones que las enfermeras llevan a cabo día a día, muchas veces sin ni siquiera ser conscientes de que ellas, las que más veces se relacionan con las familias, con las personas, son quienes realmente soportan las estrategias de vacunación, las que trabajan para mejorar las coberturas, las que insisten para paliar los mitos e intentar proteger a la población de la que son responsables.

Fíjate que cuando acudimos a congresos de vacunas (normalmente excesivamente medicalizados) escuchamos ponencias sobre antígenos, adyuvantes y otros temas propios del desarrollo e investigación de vacunas y no de la práctica asistencial. Sin embargo, quienes estamos más cerca de la calle, sabemos que el reto de los profesionales de a pie es generar espacios favorables para la vacunación y mejorar las coberturas vacunales, que en Canarias y España son buenas en etapas tempranas, pero a partir de los 6 años descienden con preocupación. Y en esto reto, señalado a nivel internacional, las enfermeras tienen un claro protagonismo.

Por todo ello, agradeciendo siempre a quien realizó la pregunta inicial: ¿Qué aportan las enfermeras a las políticas de vacunación? Y desde el más absoluto respeto al resto de actores implicados en el proceso, me atrevo a decir: las políticas de vacunación se soportan gracias a la presencia de las enfermeras.

Va desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento a las enfermeras que día a día asumen la responsabilidad de administrar esa vacuna a esa persona que lo necesita.

jueves, 11 de enero de 2018

Ya es conocido, pero no por conocido menos grave, que el ratio de profesionales de enfermería por población en España es inferior al de muchos de los países de nuestro entorno y desde luego muy inferior al de los países con los que nos gusta compararnos (Dinamarca, Finlandia, Alemania,...). Así los reflejan los datos de distintas publicaciones. Para este post, he escogido los publicados por la OCDE en su informe “Health at a glance”. (http://www.keepeek.com/Digital-Asset-Management/oecd/social-issues-migration-health/health-at-a-glance-europe-2016_9789264265592-en#page163) del que está extraída esta gráfica.



Esto indica no sólo una insuficiente asignación de enfermeras para atender a la población, sino que señala una ineficiente asignación de recursos sanitarios. A muchas de nosotras nos preocupan estas cifras porque sabemos que detrás de ellas se esconde un deterioro continuo y a veces imperceptible, de los cuidados que prestamos. ¿es la calidad asistencial lo único que se deteriora? ¿y nuestra formación? ¿y nuestra satisfacción profesional? ¿afecta esto a la seguridad de los pacientes?

No puedo evitar pensar en esta noticia que nos sacudió al finalizar el año:

Una mujer fallece en Urgencias tras 12 horas sin atención.
(https://politica.elpais.com/politica/2017/12/28/actualidad/1514460114_279334.html)


Al parecer los profesionales del centro llamaron repetidas veces a la señora. Las llamadas no recibieron contestación y fue otro paciente el que se percató de la muerte de la señora. Como suele suceder en estos eventos dramáticos, se trató de una concatenación de eventos fatales: la mujer acudió acompañada, pero quedó finalmente sóla; no se activó el protocolo de personas que acuden solas a urgencias; no se valía por si misma y puede que tuviera dificultades con el idioma, y seguramente un largo etcétera de desgraciados hechos coincidentes que dieron como resultado la muerta de esta mujer.

Al hilo de esta noticia, me pregunto cual será el ratio de enfermeras por paciente de este servicio de urgencias, porque tengo claro que una profesional saturada y al límite tiene más dificultades para su normal desempeño, y no digamos para poder levantar la cabeza con calma y detectar que “algo va mal fuera”, donde esperan los pacientes. La California Nurses Association y la SEEUE, recomiendan una relación de 1 enfermera por cada cuatro pacientes, y este es un ratio que nunca he visto en un servicio de Urgencias Hospitalario.

El deterioro continuo del trabajo de enfermería, y la escasez de profesionales de enfermería, ya están condicionando un deterioro de la calidad asistencial y también ocasionando eventos fatales relacionados con la seguridad del paciente. Es probable que el Hospital San Juan de la Cruz de Úbeda cambie sus protocolos de actuación a raíz de este caso. ¿Mejorará sus ratios de profesionales por paciente?

No creo que en España debamos esperar a más informes de organismos internacionales para solucionar un problema evidente, estudiado y con solución factible: contratar más enfermeras para dar un servicio de calidad.