Espacio donde compartir mis opiniones en relación a la profesión.

jueves, 10 de mayo de 2018

El próximo día 12 de mayo se celebra el Día Internacional de la Enfermera, jornada para reivindicar nuestra contribución a la sociedad. Como enfermera, asumo y comparto el mensaje que el Consejo Internacional de Enfermeras (CIE) nos quiere hacer llegar: Enfermería una voz para liderar. La salud es un derecho humano. Por mi parte, realizo en esta entrada un pequeño resumen  de la propuesta del CIE, resaltando aquellas acciones que se podrían ir trabajando desde ya, eso sí, con visión e inversión. Desde luego no se puede seguir avanzando en salud con los recursos tan escasos.



Para empezar, ¿qué se necesita para gozar de buena salud?, ya lo decía Florence Nightingale: agua potable, buena nutrición, entorno y saneamiento adecuado. Además, hoy por hoy también sabemos que se necesita: educación, igualdad, libertad, vivienda digna, buenas condiciones laborales. Lo anterior (entre otros) ayuda a predecir la carga de enfermedad que afectará a la población, las enfermeras con nuestro enfoque centrado en las personas, aportamos una visión privilegiada para promover intervenciones centradas en los derechos humanos en general, y en la salud en particular.

Nos interesa trabajar en el enfoque de derecho a la salud,  sabemos que es clave para mejorar no sólo la salud de la población sino también la equidad. Para nosotras cada persona tiene valor en sí misma, por tanto cuidarlas como centro del sistema es lo natural. Se nos suele atribuir la cercanía a los usuarios, pasamos tiempo con ellos y conocemos sus necesidades, especialmente en épocas de vulnerabilidad. A lo anterior se suma que somos una fuerza laboral con base filosófica humanista y razonamiento científico explícito sobre el cuidado profesional, sin duda somos una puerta de acceso al sistema, tenemos la responsabilidad de facilitar el acceso al mismo y de acompañar para poder obtener el servicio de atención apropiado a cada situación. El CIE propone para trabajar en ésta línea una serie de puntos, entre ellos:

1. Necesidades sin cubrir.

Si paramos a reflexionar unos minutos, puede llegar a ser asombrosa la cantidad de necesidades sin cubrir que nos rodean. Pongamos por ejemplo el punto de mira en la diabetes mellitus, según el estudio di@bet.es la incidencia de esta enfermedad es de 11,58 casos por 1.000 personas/año, lo que representa alrededor de 400.000 nuevos casos cada año en España. Muchas personas no saben que la padecen ni que necesitan cuidarse/tratarse. Identificar a estas personas y alfabetizarlas en el cuidado de su enfermedad, es un reto para las organizaciones que quieran mejorar sus resultados. Si el sistema quiere abordar este complejo problema, necesita acercar el cuidado al consumidor, trabajar desde un enfoque de colaboración con las personas y sus familias para mejorar la comprensión de la enfermedad y centrar las intervenciones en un pacto de cumplimiento. Lo anterior supone facilitar el acceso al sistema y ganar en salud. Claro está que tenemos enfermeras en nuestros hospitales y en Atención Primaria entrenadas para ello, la pregunta seria ¿son suficientes?, ¿cuál es el ratio?, ¿qué tiempo real de agenda se dedica a abordar este tema?

2. Facilitar el acceso.

Dentro del sistema existen usuarios con menos oportunidades de acceso y eso los hace más vulnerables. Para ilustrar este punto, se puede analizar el suicidio como grave problema de salud pública, donde los estudios han apuntado a los entornos rurales como factor importante explicativo del mismo. Las tasas de suicidio más elevadas se sitúan en las zonas rurales, incrementándose estas diferencias en las últimas décadas (aquí). La explicación sin duda es multidimensional, no obstante la falta de accesibilidad es un factor clave reconocido por diferentes autores, en estos entornos existen menos infraestructura, menos recursos humanos especialistas y mayor dispersión geográfica, con lo cual este usuario tiene más barreras y por tanto se vuelve más vulnerable. Existen experiencias internacionales donde las enfermeras atienden a la población residente en zonas geográficamente dispersas con buenos resultados en salud. Por otro lado, actualmente tenemos enfermeras especialistas en salud mental con capacidad para trabajar en el entorno comunitario, sabemos trabajar desde la prevención (clave en la salud mental) y la promoción, sin duda aquí hay otra oportunidad para mejorar la respuesta del sistema y facilitar el acceso a la salud.

3. Cuidados asequibles.


Desde mi experiencia, tengo identificados dos perfiles claros a los que o bien no llegamos, o llegamos tarde: las personas cuidadoras y las personas en riesgo de exclusión social.
Las personas cuidadoras de personas en situación de dependencia conocen el sistema, lo visitan con frecuencia, pero "para el otro". Cuando ellas tienen que hacer frente a sus problemas de salud en general escuchamos:  "no tengo tiempo, ¿quién cuidará de él/ella?; ¿cómo asumo los gastos de desplazamiento?, ¿más gastos en medicamentos?". De esta forma, problemas de salud no detectados o detectados y no cuidados, a menudo empeoran, y si no antes, probablemente durante el proceso de duelo por su ser querido veremos cómo su situación de salud mermará drásticamente.
El otro perfil, las personas en riesgo de exclusión social, es una realidad que como profesión y como sociedad nos debería de preocupar y mucho. A nadie se le debe negar el acceso a una atención en salud con dignidad. La pobreza y el asilamiento social limitan las capacidades de las personas, si además éstas se tienen que endeudar para acceder al servicio sanitario, difícilmente romperán la cadena de la pobreza.
Nadie debería quedar detrás, todos deberíamos implicarnos en acercar el sistema a estas personas.

4. Cuidados seguros.
En EEUU se ha calculado que la tercera causa de muerte son los errores médicos. En Reino Unido se denuncia un incidente con resultado de daños al paciente cada 35 segundos. La causa principal está vinculada a la oferta de cuidados por debajo del estándar y se relaciona con: escasez crónica de personal, especialmente de enfermeras, cargas intensa de trabajo y recursos limitados. Datos a tener en cuenta:
  • Cada paciente añadido a las cargas de trabajo de las enfermeras se asocia a un incremento de la mortalidad del 7%.
  • Cada paciente añadido a las cargas de trabajo enfermera - paciente incrementa los reingresos hospitalarios en:
    • 9% por insuficiencia cardiaca, neumonía e infarto.
    • 3% cirugía general.
    • 8% para prótesis de cadera y rodilla.
  • Los hospitales con buenos niveles de dotación de enfermeras experimentan un 30% menos de infecciones nosocomiales.
Si se quiere ganar en seguridad, se necesitan más enfermeras.

5. Cuidados en el momento oportuno.


La lista de espera es un problema real relacionada con complejas interacciones entre la oferta y la demanda, no es momento ahora de abordar este tema. Lo que sí ocupa en este texto es resaltar que los plazos de espera son una barrera más que generan ansiedad, angustia y frustración. Las enfermeras podemos aportar mucho a la búsqueda de soluciones, tenemos conocimiento y liderazgo para triar la entrada, coordinar el movimiento dentro del sistema y agilizar las altas. En casa, trabajamos para evitar ingresos y reducir las visitas a urgencias. La evidencia arrojada por la gestión de casos y la continuidad de los cuidados no deja duda al respecto. Ahora bien, no sólo se trata de disponer de enfermeras gestoras de casos en nuestras filas, es necesario reflexionar sobre los ratios, sin una inversión adecuada en recursos humanos no se puede esperar grandes cambios.

6. Cuidados centrados en las persona.



El usuario es el centro del sistema, la participación de las personas en su cuidado no sólo está avalado por la evidencia, sino que es un derecho humano. El paciente, y no la enfermera, es la figura de autoridad en la toma de decisiones. A nosotras nos queda acompañar y entrenar, serán ellos y ellas los que asuman la responsabilidad en salud.

¿Qué se necesita para abordar todo lo anterior? Más recursos humanos adecuadamente formados, que sepan trabajar en equipo y pongan el énfasis en la promoción y la prevención.

Las enfermeras somos la columna vertebral del sistema, estamos 24 horas con los pacientes, hay que aprovechar eficazmente este poderoso recurso. Somos capaces de identificar necesidades, facilitar el acceso y ofrecer cuidados seguros y oportunos. Tenemos la voz para liderar a favor de la salud como derecho humano.

lunes, 9 de abril de 2018

Los estereotipos pueden ser definidos como la imagen visual que se ancla en la memoria colectiva de la población en relación a un hecho concreto.  Se dice habitualmente que en la difusión de los mismos los medios de comunicación y las redes sociales tienen una gran responsabilidad. ¡Pero cuidado!, el estereotipo de enfermera con minifalda y cofia está más presente de lo que se pudiera imaginar, sólo es necesario pisar uno de los grandes hospitales de la comunidad autónoma en la que trabajo para encontrar imágenes como la que da título a esta entrada


Preocupante, no es de recibo que en pleno siglo XXI un hospital de tercer nivel traslade a sus usuarios esta imagen. Las enfermeras y los enfermeros que cada día recorren estos pasillos van en pijama, atienden necesidades de cuidados de la población con visión integral no de "control" y trabajan para facilitar el acceso a los ciudadanos eliminando barreras, no estamos detrás de un mostrador con reja metálica:


Afortunadamente, las personas en particular tienen su propia idea de quién es el profesional de enfermería y cuál es su rol en la sociedad. Guardan en su memoria aquella persona que limpió su herida, vacunó a su hija o agarró su mano cuando ansioso esperaba el inicio de una intervención quirúrgica.  En general en el tú a tú ganamos en imagen, las encuestas de satisfacción de los servicios sanitarios nos otorgan sobresalientes en algunos casos, ¿por qué?, porque nuestra presencia añade valor al cuidado y en las distancias cortas somos capaces de trasmitir autonomía, capacidad de respuesta y humanidad.

Sin embargo, cuando se trata de la difusión de la imagen de la profesión, los medios caen de forma reiterada en esa imagen estereotipada que no tiene relación alguna con nuestra realidad profesional. El ejemplo de esta semana, un titular:



Titulares como este nos faltan al respeto y dan una imagen negativa de la profesión. Este medio lanza un mensaje a la población muy contrario a los valores que aporta las enfermeras al cuidado de la familia, y sí, también las enfermeras están presentes en la familia real.

No obstante mi reflexión va más allá, sólo en los últimos cuatro meses hemos acontecido a varios episodios negativos sobre la imagen social de la enfermera en los medios de comunicación, como ejemplo: las declaraciones del cantante Braulio [aquí]; la oferta de disfraces en carnaval o el programa de tele - pasión en noche buena [aquí] .

Por otro lado, es sabido que la imagen en general está influenciada por la presencia en medios, y por tanto se puede trabajar sobre ello para favorecer y apoyar la difusión del valor social de las enfermeras en la sociedad. Entonces, ¿por qué no se está trabajando la imagen social de las enfermeras?; ¿por qué desde los colegios profesionales  se tiene una actitud pasiva o quizás reactiva en esta realidad?, quiero decir, aparecen en medios para mostrar el malestar tras situaciones concretas como las noticias anteriores, pero en realidad, no son proactivos en el cambio de la situación.
Por más que moleste aceptarlo, la crítica real es hacia los representantes de la profesión , ellos y ellas son quienes deben estar trabajando para la visibilidad de esta profesión en el conjunto de la sociedad. Realmente son muchas las iniciativas puestas en marcha por compañer@s en pro de una #EnfermeríaVisible, sin embargo estas acciones deben ser impulsadas también a otro nivel. Quien de verdad tiene que estar, no está.

Y como mi rol es trabajar desde las distancias cortas, en el tú a  tú, a cualquiera que pregunte al respecto diría que si realmente quieres conocer a un profesional humanista que ofrece cuidados  basado en tus necesidad, acércate al servicio de salud y conoce a las enfermeras, te sorprenderán.







martes, 27 de febrero de 2018

Logo del proyecto impulsado por la OMS y el CIE para que enfermería cumpla los desafíos de salud del siglo XXI
Logo del proyecto impulsado por la OMS y el Consejo Internacional de Enfermería  para que enfermería cumpla los desafíos de salud del siglo XXI

Las enfermeras somos la mayor proporción de la fuerza del trabajo en el sector salud, se estima a nivel global que existen 23 millones de mujeres y hombres trabajando para cuidar la salud de las personas.
Sin embargo, no estamos en agenda. No formamos parte de las políticas y muy discretamente participamos de algunos proyectos en salud.
¿Qué nos pasa? ¿Por qué no estamos en agenda informativa, social o política?

Si miro alrededor, como colectivo de a pie observo que sufrimos una situación de degradación de las condiciones laborales: poca estabilidad laboral, contratos precarios, bajada salarial, sobrecarga de trabajo y no reconocimiento de nuestra aportación a las instituciones desde los puestos de gestión. Incluso en estos días con motivo de la convocatoria de huelga del día 8 de marzo, se habla de múltiples profesionales en las que las mujeres son mayoría, entre las que no se suele nombrar a la enfermería.

Si analizo los líderes formales de la profesión, es claro el techo de cristal. Basta con ponerte delante de las imágenes que publican nuestros representantes: sextogenarios, muy mayoritariamente hombres, con poco o ningún contacto con las realidades asitenciales y con ganas de seguir estando (a juzgar por las formas en que se planteán las propuestas de sucesión).

Representación Española en el Congreso del Consejo Internacional de Enfermería de 2017: Barcelona

Nuestra presencia en proyectos a nivel global, y pongo como ejemplo el nuevo consejo asesor de Dolors Monserrat, perpetúa la imagen de pocas enfermeras, de ellas mayoría hombres  y repitiendo viejos esquemas (se convoca al presidente actual y el presidente saliente del consejo de enfermeras). Esta propuesta se aleja mucho de la enfermería moderna, con iniciativa y bien formada que está ahora mismo asumiendo gran parte de los retos de este sistema tan necesitado de un cambio estructural.
Centrándome en proyectos e inquietudes más locales, no será la primera vez que quieres impulsar otra mirada en el cuidado profesional y tropiezas con el equipo multidisciplinar: ¿Por qué necesita usted su propio plan estratégico o se jefatura de servicio si forma parte de un equipo? Sencillo, porque quiero liderar los vientos de mi destino. Y sí, quiero apoyo, un apoyo que considere la realidad social y cultural a la que me enfrento, que no base sus decisiones en actitudes corporativas o puramente económicas, y que tenga como centro las necesidades de la población a la que quiero, y tengo la responsabilidad de cuidar.
¿Que tenemos un problema de autoestima? Pues no estamos para saltar de alegría con este panorama.
Eso sí, siempre hay esperanza y si no, hay sueños. Soñar con un foro de debate institucional donde analizar nuestra aportación a la sociedad, nuestras necesidades y hacia dónde se debe orientar nuestro futuro. Quizás, no es tanto un sueño sino una realidad que ya han explorado países de nuestro entorno, Reino Unido por ejemplo ha creado un grupo de trabajo interpartidista en el parlamento que ha concluído: para una sociedad mejor: mas enfermeras. Invertir en enfermeras mejora la salud, consigue una mayor igualdad de género y una economía más fuerte.
Pasemos pues del sueño a la acción y unámonos al movimiento #NursingNow lanzado el 27 de febrero por la OMS y el CIE (Consejo Internacional de Enfermeras).

Imagen de un equipo de enfermería publicada por el CIE en relación al proyecto NursingNow

Si además quieres profundizar sobre la temática, te animo a segir el blog PSXXI, y más concretamente esta entrada: http://juherya.blogspot.com.es/. También en el CIE en el enlace: http://www.icn.ch/es/que-hacemos/Nusing-Now/

miércoles, 31 de enero de 2018



Hace algún tiempo una compañera solicitó que reflexionara sobre ¿Qué aportan las enfermeras a las políticas de vacunación?

Este tipo de pregunta, tan amplia como apasionante invita a la reflexión, a la búsqueda, a la observación y a la introspección, por ello meses más tarde me animo a compartir algunas de las ideas claves sobre este amplio campo de trabajo para las enfermeras.

Al pensar en “proceso” de vacunación, la primera idea acude a la búsqueda de luz en las herramientas metodológicas que nos ayudan a dejar registro de nuestras acciones y por lo pragmático de la vacunación parece coherente comenzar por reflexionar sobre la intervención enfermera: manejo de la inmunización/vacunación, definida como “control del estado de inmunización (3), facilitando el acceso (2) a las inmunizaciones y suministro de vacunas (1)  para evitar enfermedades contagiosas.
Cualquier enfermera que trabaja día a día en un punto de vacunación, sabe que estos 3 puntos son básicos para afrontar con calidad esta oferta de servicio:
  • En primer lugar (1), necesito que el suministro de medicamentos sea fluido, que las vacunas se mantengan en nevera en condiciones ideales para su administración y que el stock me permita trabajar con comodidad. Aquí hay una enfermera que diariamente vela por todo ello.
  • En segundo lugar (2), debo saber cómo captar y facilitar el acceso a la población susceptible de beneficiarse de esta oferta. Tengo que analizar las posibles alternativas para llegar a los especialmente vulnerables, esa familia que tanto me ha costado captar. Igualmente, busco el momento para poder invertir en captación activa, en llamar a las personas que según los registros están pendientes de dosis. Aquí probablemente encuentres a varias enfermeras, que atienden a diferentes perfiles de usuarios, buscando siempre la forma de que “no se escape ninguno”, es un trabajo arduo, poco visible, que invierte mucho tiempo “fuera de agenda” quizás para captar a una ó dos familias más, y esas, justo esas son las importantes. No exagero, pregunten a las enfermeras, verán sus respuestas. 
  • En tercer lugar (3), y cuando ya realmente tengo al usuario delante, necesito un armazón de conocimientos y habilidades regado con una importante dosis de actitud para afrontar el proceso de vacunación. Hay que saber de vacunas (y mucho), también de epidemiología, de comunicación, de educación para la salud, de entrevistas y del usuario 3.0. Qué decir de los calendarios, los protocolos y las fichas técnicas todo ello imprescindible para estar al día.
Y un sin fin de acciones que las enfermeras llevan a cabo día a día, muchas veces sin ni siquiera ser conscientes de que ellas, las que más veces se relacionan con las familias, con las personas, son quienes realmente soportan las estrategias de vacunación, las que trabajan para mejorar las coberturas, las que insisten para paliar los mitos e intentar proteger a la población de la que son responsables.

Fíjate que cuando acudimos a congresos de vacunas (normalmente excesivamente medicalizados) escuchamos ponencias sobre antígenos, adyuvantes y otros temas propios del desarrollo e investigación de vacunas y no de la práctica asistencial. Sin embargo, quienes estamos más cerca de la calle, sabemos que el reto de los profesionales de a pie es generar espacios favorables para la vacunación y mejorar las coberturas vacunales, que en Canarias y España son buenas en etapas tempranas, pero a partir de los 6 años descienden con preocupación. Y en esto reto, señalado a nivel internacional, las enfermeras tienen un claro protagonismo.

Por todo ello, agradeciendo siempre a quien realizó la pregunta inicial: ¿Qué aportan las enfermeras a las políticas de vacunación? Y desde el más absoluto respeto al resto de actores implicados en el proceso, me atrevo a decir: las políticas de vacunación se soportan gracias a la presencia de las enfermeras.

Va desde aquí mi reconocimiento y agradecimiento a las enfermeras que día a día asumen la responsabilidad de administrar esa vacuna a esa persona que lo necesita.

jueves, 11 de enero de 2018

Ya es conocido, pero no por conocido menos grave, que el ratio de profesionales de enfermería por población en España es inferior al de muchos de los países de nuestro entorno y desde luego muy inferior al de los países con los que nos gusta compararnos (Dinamarca, Finlandia, Alemania,...). Así los reflejan los datos de distintas publicaciones. Para este post, he escogido los publicados por la OCDE en su informe “Health at a glance”. (http://www.keepeek.com/Digital-Asset-Management/oecd/social-issues-migration-health/health-at-a-glance-europe-2016_9789264265592-en#page163) del que está extraída esta gráfica.



Esto indica no sólo una insuficiente asignación de enfermeras para atender a la población, sino que señala una ineficiente asignación de recursos sanitarios. A muchas de nosotras nos preocupan estas cifras porque sabemos que detrás de ellas se esconde un deterioro continuo y a veces imperceptible, de los cuidados que prestamos. ¿es la calidad asistencial lo único que se deteriora? ¿y nuestra formación? ¿y nuestra satisfacción profesional? ¿afecta esto a la seguridad de los pacientes?

No puedo evitar pensar en esta noticia que nos sacudió al finalizar el año:

Una mujer fallece en Urgencias tras 12 horas sin atención.
(https://politica.elpais.com/politica/2017/12/28/actualidad/1514460114_279334.html)


Al parecer los profesionales del centro llamaron repetidas veces a la señora. Las llamadas no recibieron contestación y fue otro paciente el que se percató de la muerte de la señora. Como suele suceder en estos eventos dramáticos, se trató de una concatenación de eventos fatales: la mujer acudió acompañada, pero quedó finalmente sóla; no se activó el protocolo de personas que acuden solas a urgencias; no se valía por si misma y puede que tuviera dificultades con el idioma, y seguramente un largo etcétera de desgraciados hechos coincidentes que dieron como resultado la muerta de esta mujer.

Al hilo de esta noticia, me pregunto cual será el ratio de enfermeras por paciente de este servicio de urgencias, porque tengo claro que una profesional saturada y al límite tiene más dificultades para su normal desempeño, y no digamos para poder levantar la cabeza con calma y detectar que “algo va mal fuera”, donde esperan los pacientes. La California Nurses Association y la SEEUE, recomiendan una relación de 1 enfermera por cada cuatro pacientes, y este es un ratio que nunca he visto en un servicio de Urgencias Hospitalario.

El deterioro continuo del trabajo de enfermería, y la escasez de profesionales de enfermería, ya están condicionando un deterioro de la calidad asistencial y también ocasionando eventos fatales relacionados con la seguridad del paciente. Es probable que el Hospital San Juan de la Cruz de Úbeda cambie sus protocolos de actuación a raíz de este caso. ¿Mejorará sus ratios de profesionales por paciente?

No creo que en España debamos esperar a más informes de organismos internacionales para solucionar un problema evidente, estudiado y con solución factible: contratar más enfermeras para dar un servicio de calidad.